El problema, claro está, es que la mayoría de los gestores saben muy poco sobre la neurociencia. Y lo que es peor, no es fácil encontrar una fuente de información que ayude a determinar qué servicios beneficiarían a una empresa y cuáles no, en parte porque las empresas de neuromarketing tienen pocos incentivos para someter sus técnicas patentadas al escrutinio público. ¿Qué se supone entonces que haga un gestor de empresa?

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