George Floyd. Breonna Taylor. Ahmaud Arbery. Tres afroestadounidenses
cuyas muertes recordaron al mundo que el racismo sistémico está todavía
muy presente en Estados Unidos. Aunque desencadenadas por esas muertes,
las protestas posteriores de principios de verano fueron manifestaciones de
una ira y desesperación más profundas ante el racismo que invaden al país
desde su fundación.
Cuando las protestas se extendieron por todo el mundo, muchos comenzaron a desplazar
el foco de atención desde la solidaridad con los afroestadounidenses hacia la injusticia racial
dentro de sus propios países. Adama Traoré. João Pedro Matos Pinto. David Dungay, Jr.
Distintos nombres de distintos países, pero todos ellos víctimas cuya muerte ha forzado una
revisión de la presencia global del racismo sistémico y ha sacado manifestantes a las calles
para demandar mejoras.
Abogar por el fin del racismo, y una reparación por su legado, no solo es moralmente correcto,
sino un estímulo al desarrollo económico. Continuar negando la existencia del racismo y oponerse a afrontarlo conducirá a un mundo menos dinámico, menos unido y menos próspero.
El nacimiento de una nación Estados Unidos, una nación multirracial desde su independencia, ha tenido dificultades para superar la esclavitud, a la que muchos se refieren como su “pecado original”, y la discriminación racial de jure y de facto posterior a su abolición. El racismo sistémico sigue siendo un lastre para Estados Unidos, y son los afroestadounidenses quienes se han llevado la peor parte de su legado.
El racismo en los departamentos de policía local de Estados Unidos es un problema
arraigado. De acuerdo con un estudio realizado por The Washington Post y The Guardian,
los afroestadounidenses tienen una probabilidad dos veces superior que los blancos de morir
a manos de la policía estando desarmados. Aunque esta es una de las formas de racismo
sistémico más conocidas, el problema es mucho más profundo.
Por ejemplo, el racismo está muy extendido en el ámbito de la medicina. En 2016, la
Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos constató que el 29% de los estudiantes
blancos estadounidenses de primer año de medicina pensaba que la sangre de las personas
negras coagulaba con mayor rapidez que la sangre de las personas blancas, y el 21% creía
que los sistemas inmunitarios de las personas negras eran más fuertes. Esta confusión suele
conllevar una asistencia preventiva inadecuada y un nivel de tratamiento inferior, lo que…

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